Mikel Alvira

escritor

Mikel Alvira

Mikel Alvira ha alternado durante años el aula (Universidad de Deusto y Enseñanzas Medias) con su vocación como creador multidisciplinar. Dan muestra de ello sus manifestaciones plásticas, guiones y ensayos, y muy especialmente sus poemarios y novelas.

En paralelo con su labor artística, desarrolla una interesante carrera como comunicador (empresa privada, TEDx, eventos, televisión…), convencido de que “la calidad sin calidez deja de ser calidad”, colocando siempre a la persona como medida del éxito (la medida es la persona) y apostando por la exploración, la creatividad y la dimensión humana en los foros a los que se le convoca.

Esta intensa apuesta y su capacidad de ilusionar le han llevado a ser seleccionado como finalista en la propuesta Zeu-Zara-EITB, en el verano de 2016, reconocimiento que otorga la Televisión Autonómica Vasca como influyente en el terreno de la cultura. Actualmente está en la órbita TEDX y desarrolla propuestas documentales y exposiciones de su obra plástica mientras prepara la novela que publicará en febrero de 2018.

El Ser Creativo

Todas las personas tenemos ideas con las que nos identificamos por las que estamos dispuestos a invertir nuestra energía y asumir riesgos. Aprendemos mejor desarrollando ideas propias que ajenas porque estamos comprometidos con ellas de partida.

Cuando era niño, imaginaba que de mayor viviría de, por y para los libros. Siempre me ha fascinado la idea de ser alguien con algo que decir, como los pensadores que veía en mi infancia, los escritores que leía. Eso sí, creo que me imaginaba más a lo Miguel de la Quadra Salcedo que a lo Pío Baroja.

En “parvulario” (cuando ni siquiera existía el concepto de Educación Infantil) ya inventaba cuentos. He escrito siempre y siempre he sido creativo. Por haber nacido en un entorno donde la creatividad ha sido seña de identidad, ser creativo no era una sino una actitud.

Siempre me he definido por mi dinamismo, mi inconformismo, las ganas de explorar. He crecido a partir del espíritu crítico y las ganas de avanzar. Así en mis estudios, en mi vida deportiva, en mis compromisos de voluntariado… rasgos, ya presentes en mi infancia, que fueron claves para mi desarrollo personal y como escritor.

Las personas que me acompañaron en mi juventud, significativas y respetuosas con mi propio ritmo, facilitaron mi encuentro vocacional. También las lecturas que hice. Las experiencias que viví en el entorno de deporte (superación), del voluntariado (campamentos y grupos de Tiempo Libre) y mi recorrido académico.

El Ser Emprendedor

Aprendemos mejor si tomamos por nosotros mismos decisiones de riesgo para llevar nuestras ideas a la acción. El emprendimiento no es un campo de conocimiento sino un rasgo de personalidad.

Para llegar al punto en el que estoy, he tenido que trabajar duro, ser constante y creer en mis posibilidades. Cultivar la humildad para reconocer los desaciertos y fomentar el espíritu crítico para seguir mejorando. Pero, las personas han sido, sin duda, los factores decisivos en ese proceso. Por encima de cualquier otra circunstancia, dato o acierto, son las personas lo que nos hacen creer, crecer y avanzar.

Supe compaginar la educación reglada con mi formación personal mediante grandes dosis de entusiasmo, mezcladas con autodisciplina, un espíritu constructivo y una buena organización. Y renunciando a todo cuanto me distrajera de mis objetivos. Ya en la carrera hice mis pinitos como entrenador de atletismo, aprovechando el tirón del atleta que yo era, y con mi experiencia como voluntario de Tiempo Libre. Ambos campos me proporcionaron trabajos remunerados antes de comenzar como profesor en paralelo en un colegio y en la universidad.

Además, tengo la suerte de haber crecido en una familia abierta, honesta, respetuosa con los ritmos personales. Fui eligiendo, seguro que bien acompañado por mis mayores.

El Ser Social

Aprendemos mejor si mostraos a los demás el resultado de nuestro proyecto porque el feedback social a mi idea refleja una información valiosísima para aprender y mejorar.

Las personas nos acompañan, nos influyen. Decisivamente. Hagamos lo que hagamos, lo que nos marca es la emoción con la que emprendemos la acción y las relaciones que trabamos con las personas con las que nos topamos.

Un puñado de buenos profesores me enseñaron a descubrir el escritor que llevaba dentro. Un entrenador que supo hacer de mí no solo un buen atleta sino una buena persona. Y mis padres, sin duda, han sido las personas que más han influido en mi desarrollo.

Pienso que salir de la zona de confort no tiene que ver (solo) con echarse la mochila a la espalda. A veces son las pequeñas decisiones contra corriente las que forjan la personalidad. Sin disturbios ni subversiones, he seguido mi camino a pesar de que no siempre ha sido bien entendido. Pero sin dramas ni rupturas.

Con mi experiencia, considero que podemos ayudar a que los demás desarrollen su talento acompañando desde el respeto a los ritmos de cada uno. Escuchando y ayudando a ordenar ideas y emociones. Influyendo desde los actos, mejor que desde los discursos programáticos. Creyendo en la persona como medida de todas las cosas, por encima del dato, el indicador.

El Ser Interior

Aprender a reflexionar y leer en nuestro interior con autenticidad es el camino al autoconocimiento y al desarrollo personal.

Descubrí que las letras sí serían para toda la vida, y no lo récords en 800 metros. Con los años, he descubierto que lo maravilloso de escribir es llegar a las personas, influir y ser influido.

Soy la persona que ahora quiero ser, pero seguramente no la que quiero llegar a ser. Por eso sigo en proceso, en camino, aprendiendo, observando, mejorando a partir de lo que me aportan otras personas y de lo que reflexiono yo.

A mi carácter perfeccionista le cuesta sentirse plenamente satisfecho. Queda mucho, mucho por mejorar. Cada dimensión de mi persona necesita una ITV periódica a partir de la que seguir mejorando.

Volver a ver todos los embajadores »